Dra. MARÍA BALLESTEROS-POMAR

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Doctora en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Endocrinología y Nutrición. Diplomada en Bioestadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona

Responsable de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética de la Sección de Endocrinología y Nutrición del Complejo Asistencial Universitario de León, y de la Unidad de Obesidad de Alto Riesgo

La desnutrición relacionada con la enfermedad (DRE) es un problema en nuestro sistema sanitario, tanto por su elevada prevalencia como por sus repercusiones clínicas y económicas. En el estudio PREDYCES (Prevalencia de la Desnutrición hospitalaria y Costes asociados en España), la prevalencia de desnutrición hospitalaria fue del 23,7%  al ingreso del paciente. Pero es que además empeoraron su situación nutricional un 9,6% de los pacientes que presentaron un buen estado nutricional inicial. La desnutrición se asoció a un incremento de la estancia hospitalaria, especialmente en aquellos pacientes que ingresaron sin desnutrición y que presentaron desnutrición al alta (15,2 vs. 8,0 días; p < 0,001), con un gasto adicional asociado de 5.829 € por paciente.

Podemos deducir fácilmente que el empeoramiento del estado nutricional durante el ingreso tiene mucho más impacto en la estancia media de los pacientes y en los gastos que la desnutrición previa. Además, es durante el ingreso hospitalario cuando sería teóricamente posible que un adecuado diagnóstico y soporte nutricional pudiera revertir esta situación y ahorrar costes. Estos datos significarían que, por cada 1.000 ingresos anuales en un hospital, 96 pacientes empeorarían su estado nutricional, lo que produciría un gasto adicional de 559.584 € anuales.

Nuestro grupo llevó a cabo en 2015 otro estudio prospectivo en una planta de hospitalización de Medicina Interna, y se detectó al ingreso un 26,9% de pacientes con riesgo de desnutrición. Un 18% de pacientes con buen estado nutricional desarrollaron desnutrición durante la estancia. Los pacientes que empeoraron su situación nutricional durante su ingreso tuvieron una estancia significativamente mayor en 2,5 días, y ocasionan un sobrecoste de 767€ por ingreso (+35%), lo que implica un exceso de gastos relacionados con la desnutrición de 646.419,93 € anuales en el servicio estudiado.

Si bien podemos argumentar que llegar desnutridos al hospital es algo que escapa al control de los que trabajamos en él, no podemos olvidar que existe un número de  pacientes demasiado elevado que se desnutre ya ingresado en el hospital, y son estos pacientes quienes peores consecuencias clínicas tienen y además generan más gastos.

Existen muchos factores que promueven esta desnutrición, pero indudablemente uno de ellos será la inadecuada alimentación de los pacientes en el hospital.

Por ello, la detección precoz de la desnutrición relacionada con la enfermedad y el establecimiento de medidas preventivas en los hospitales debería de ser una prioridad de nuestro sistema nacional de salud, tanto por la mejor evolución de los pacientes como para contribuir a la sostenibilidad del sistema. El papel de la Hostelería hospitalaria y la existencia de Unidades de Nutrición que puedan abordar adecuadamente el problema, son incuestionables en esta tarea.

En conclusión, podemos repetir las palabras del Dr. Wretlind, uno de  los padres de la nutrición parenteral, que ya en el siglo pasado dijo: “La desnutrición en los pueblos es un signo de pobreza. La desnutrición en los hospitales es un signo de ignorancia. "No nos preguntemos si debemos tratar la desnutrición o no, sino cómo hacerlo".